Yo...

me encanta el arte, en especial el cine, y la foto quiero ser director de fotografia en un futuro. Soy sencillo, tranqui, no puedo vivir sin música. en fin... ...tuanis...

domingo, 25 de octubre de 2009


… Y recuerdo aquel árbol, de veranos infinitos, palabras y lágrimas de inocencia que fueron tragadas por las raíces….

Puedo acariciar las dulces horas en que jugaba, las caídas, sin preocupación, el primer amor… el descubrimiento de un mundo nuevo. Los aromas y el primer beso sobre las hojas caídas de otoño. Las horas de pensar, el aire enamorado, la ilusión, ver las estrellas llegar, pedir un deseo. Ver pasar la silueta de aquella mujer. Los primeros poemas, la mano ansiosa que impregna con tinta asesina los pensamientos, inmortaliza cada momento. La desilusión, el desamor, la tristeza, el volver a intentarlo, lograrlo y volver a caer. Ver sus ojos reflejados con el sol, el desencuentro. Contarle los secretos a aquel árbol que parecía escuchar, sonreír, llorar y sentir el aire nuevamente.

Volver con canas en el pelo, la nostalgia y ver a aquel niño jugar… sentirlo y respirar esos momentos…

Veo una foto de ese lugar mágico y me falta café para recordar todo lo que pase bajo ese árbol… el árbol de los secretos.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Toque de queda


…Un día, mi papá nos dejó, yo tenía siete años; él me dijo que entonces yo era el hombre de la casa. No sabía realmente lo que pasaba, pero algo me decía que las cosas no andaban bien, porque ahora tenía menos tiempo para jugar y tenía que trabajar.

Recuerdo cuando regresé temprano, así que llamé a mis amigos para que saliéramos a jugar. Mi madre siempre me decía que debía volver a casa antes del atardecer.

Ese día jugamos a “la anda”… ya eran las cinco y yo no estaba en casa.

De pronto, Juan se acercó y con un tono de preocupación me dijo:

-¡toque de queda!

Yo no entendía la expresión ya que no había ningún juego con ese nombre.

Entonces me quedé pasmado, mientras todos corrían hacia sus casas. Los cascos verdes ya se asomaban sobre el horizonte y los gritos y detonaciones empezaban a penetrar en las cosas.

Fue cuando reaccioné y corrí a casa. Esa noche el cielo se precipitó en una triste lluvia de acero que penetraba los frágiles techos de cartón.

Así… arrinconados, impotentes ante la amenazadora lluvia, pasamos la noche mi madre y yo… tenía miedo y solo me preguntaba:

¿Cuándo podré salir a jugar?





Un pequeño cuento, quise rescatar la visión de un niño ante una situación mayor... la inocencia etc....

miércoles, 15 de julio de 2009

...

El continuo congestionamiento de la ciudad, el ruido de los carros y el humo rompe los kilómetros interminables de concreto. Luces rojas acongojantes, bocas impacientes idiotizadas por el alcohol. Noches que no duermen, cuidad que sueña despierta.

En una de esas tardes de bochorno asqueroso, un viejo sentado en la última esquina, de la última fila de un bus. Su saco algo roto, los huecos eran puerta para los insectos y su sombrero de medio lado hacía imposible determinar el color de sus ojos.

Un perfume fue traído por el viento lentamente hasta llegar donde estaba el viejo, alzó la mirada arrepentida, queriendo descubrir los misterios dulces de aquel olor. Las pupilas dilatadas y cansadas hicieron un esfuerzo para ver la silueta de una bella mujer que se acercaba, un destello de luz corto en dos la oscuridad, así vio como se sentó unos escasos asientos adelante.

Vio en ella… aquella niña, tan inquieta y risueña que rogaba amor. En ella, en sus femeninos gestos, reconoció a su hija, la que nadó en su pasado perdido hace tantos años atrás, la miró un poco más…De sus ojos un aire a abandono por culpa de lo que empezó con una botella de alcohol, una amante, un error. Desdibujó una opaca sonrisa y recordó el último llanto que le escuchó mientras se alejaba de su mano. Le llegó el olor de aquel vicio empapado en sudor…Le observó. Miró en ella, así como de un tirón, en sus gestos de mujer, a aquel amor de su vida, aquella dama perdida, a quien su vida ofendió. De excusa…el mismo grave error. Recuerda su rostro mientras se despedía para nunca regresar…sí, dejó en abandono a su hija y la madre, su gran amor. Claro esa bella mujer sentada a cierta distancia, trajo a su mente aquellas dos personas a quien amaba. A quienes abandonó muchos años atrás.

Trajo a su mente paisajes y felicidad y miró un poco más. Empezó a notar que no eran sus manos, ni sus ojos en realidad, no era ella, ninguna de las dos. Inició una búsqueda entre confusión, alegría, temor, dolor…decidió bajar y una voz tierna y suave dijo:

-¡Papá!

Miró un poco más…no volteó, se convenció de no regresar, así una vez más. Nunca supo distinguir entre imaginación y lo real. Nunca logró concluir si fue verdad, si lo inventó, resonaba aquella exclamación en su mente, un sabor dulce en su paladar. Lágrimas de felicidad brotaron entre sus mejillas y cayeron en el suelo haciendo eco en el silencio.

Un cuento que me salió un día de estos...

Recuerdos perdidos


…Las seis de la mañana, otra vez las seis… mis viejos huesos, las canas y mis ojos cansados son testigos de la desesperante amenaza del tiempo. Todas las mañanas los sutiles rayos de luz penetran el antro oscuro de mi cuarto, rompiendo las desesperanzadas capas de polvo hasta que desafortunadamente llegan a mí… no me queda otra, supongo que así es la vida… ¿despertar?, ¿vivir?... ¿sueños?, ya no…

Me gusta ver por la ventana de mi cuarto, es muy pequeña, así que solo logro ver los pies caminando, apurados, como si tuvieran que llegar a alguna parte, quizá llegar a un trabajo, cumplir un sueño, visitar una familia… no lo sé.

Suelo ir a un café de la ciudad; no me gusta mucho salir de mi cuarto, las miradas dudosas penetran la piel de mi rostro, creo que mi apariencia no calza con lo establecido por ellos. Al llegar estoy un poco cansado, me siento en la misma mesa de siempre, no sé por qué, simplemente lo hago.

Un día al regresar, encontré en el fondo de mi saco, entre las boronas y los huecos, una llave diferente, parecía una de esas llaves antiguas, entonces intenté abrir la puerta. Como un acto de magia la puerta cedió lentamente dejando a la vista un mundo desconocido.

Cuando Mateo atravesó la puerta, su pequeño mundo de oscuridad había cambiado. Dio unos cuantos pasos arrepentidos, mientras veía unas fotografías que estaban en la pared. Paredes de madera y piso de tierra. Guiado por un tentador olor que se acercaba desde el fondo, tropezó con un niño que jugaba con unas piedras sin ningún sentido. Indiferentes vieron pasar a otro niño corriendo entre ellos dos. Unos segundos después, se rompió el silencio atónito. El sonido sangriento de una detonación recorrió kilómetros entre los densos potreros y bosques. La desesperación invadió al niño, Mateo sintió que algo no andaba bien, cuando el niño corrió en busca de su hermano, Mateo lo siguió, ambos corriendo enloquecidamente, las ramas le chocaban agresivamente contra su cara, el infinito laberinto se resolvió dolorosamente. Estaba ahí, su escueto cuerpo tendido entre las ramas de aquel árbol. Las lágrimas hicieron un río mezclado con la sangre. La respiración cada vez se hacía más lenta, el corazón latiendo a la velocidad de un rayo, con cada grito se desgarraba en pedazos el alma de Mateo. Recordó aquel momento duro de su vida, no supo qué hacer, nada…

Unos segundos después la dramática escena desapareció; algo agitado, comenzó a escuchar unos susurros que lo invitaban a bajar la colina de aquel pasto verde. Curioso, siguió el ritmo de las risas que traía el viento. Cuando llegó, encontró a dos jóvenes acostados bajo un árbol, a su lado el suave sentir de un río. Rebeldes a todo lo que ocurría a su alrededor, parecían estar felices. Él la miraba fijamente a los ojos mientras ella acariciaba lentamente su pecho. El río se llevaba las horas, del árbol caían las hojas y el cielo cambiaba el sol por unas cuantas estrellas. Fue cuando ella le preguntó:

-¿Mateo… vos me amás?

Él buscó respuestas acongojantes entre la luna y las estrellas, entre los ojos verdes y las rosas rojas, pero no logró componer ningún soneto, los versos huyeron con el viento, y reinó un absoluto silencio.

Mateo observando desde largo, lo felices que fueron esos momentos, decidió acercarse un poco más, quizá en busca de respuestas o alguna reivindicación, pero los dos jóvenes desaparecieron. Mateo entonces, se acostó debajo del árbol, tomó la posición que tenía y al aire solitario, dijo:

-Sí… sí te amé…

Entonces se quedó acostado toda la noche observando las estrellas. Cuando el cielo cambió las estrellas por el sol, ya Mateo estaba en otro lugar.

Las teclas escribían palabras imprecisas, todo estaba oscuro, solo una candela permitía iluminar el papel impreso por los pensamientos de ese joven soñador. Entonces Mateo se ve… ahí sentado, intentando escribir algo en aquella máquina que había comparado con mucho esfuerzo. Su sueño… ser escritor, entonces Mateo decide sentarse a la par de él.

De pronto llega su padre, sus pies tambaleaban idiotizados por el alcohol que no pudo detener ninguna leyenda de pueblo. Al ver que su hijo estaba escribiendo, se le acercó y con un tono de burla le dijo:

-Pues… mire que me encontré aquí, es mi hijo… mi hijo el escritor… ¿por qué no médico?... escritor.

Él trata de arrebatarle la máquina de escribir, pero Mateo forcejea con él… el puño duro, impotente, cortó el aire dejando a Mateo en el suelo. Pensó que ya era suficiente, así que cogió su máquina de escribir y se fue. Nunca más volvieron a verse…

Las lágrimas caían entre mis mejillas; sentado en una esquina de mi lúgubre habitación, veía al otro lado fijamente la máquina, llena de polvo, hogar de algunas telas de araña, vieja e inservible. Cuando volví la mirada, había un cuadro en frente mío, me levanté y fui a observarlo. Era una foto mía… viéndome en el espejo. Aprecié que algo había recuperado, me quedé mirando fijamente esa fotografía que me decía, quién soy, de dónde vengo. Las horas y los minutos fueron consumidos por el cuadro, sentí que la vida me había devuelto la vida misma. Ya me había aceptado a mí mismo.

Me di media vuelta, abrí la puerta del cuarto y un destello formidable iluminó todo… me cegó por unos cuantos segundos…y salí.

Un cuento para el curso de Redacción y estilo U veritas

martes, 9 de junio de 2009

Cien colones de felicidad.


Se encontró ahí sentado, como siempre… en el bus. La ciudad y la rutina lo sumergía en su inmenso silencio y él solo se dedicaba a mirar por la ventana; la gente camina, todos parecieran apurados, como si tuvieran que llegar a algún lugar.

Los minutos avanzan imprecisamente y el bus no se mueve. De pronto, alzó su mirada y encontró a un joven, un joven de esos que viven en la calle. Su cabeza un tanto agachada y sus ropas sucias; como de costumbre lleva una bolsa con basura y la cuida como si fuera un tesoro, es todo lo que tiene… el reloj maldito con su tic-tac. La presencia de este joven parecía incomodar y unas cuantas advertencias de que se bajara del bus hicieron el ambiente más tenso.

Gritos y advertencias parecian inútiles, nada de respuesta.

No se necesitó nada más, como si hubiese caído del cielo, se levantó al sonido de alguna moneda que hacía eco desde el fondo de algún bolsillo. Ya nada le importó y pensó que había conseguido la felicidad. Sacó fuerzas de lo más profundo de sus músculos y corrió hacia la calle. El bus rápidamente avanzó y él lo despidió con una sonrisa.

"un pequeño cuento... una historia de esas que pasan en la calle..."

martes, 19 de mayo de 2009

Mario Benedetti, Poemas


Viceversa

"Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa."



Hombre preso que mira a su hijo

"Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurriria en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.

Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente no sabian un corno
pobrecitos creian que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y carceles por suerte una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exáctamente de ellos
sino de otros mas duros y siniestros
y estos si
como nos ensartaron
en la limpia república verbal
como idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y como nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aqui
mirándote y echándote
de menos.

Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.

Vos ya sabes que tuve que elegir otros juegos
y que los juegue en serio.

Y jugue por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policias.

Y jugue por ejemplo a la escondida
y si te descubrian te mataban
y jugue a la mancha
y era de sangre.

Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los rinones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durisimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo callo
o puteo como un loco
que es una linda forma de callar.

Que tu viejo olvido todos los números
(por eso no podria ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.

Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en que esquina
en que bar
que parada
que casa.

Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.

Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de verguenza.

Por eso ahora
me podes preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.

Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.

Llora nomas botija
son macanas
que los hombres no lloran
aqui lloramos todos.

Gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llora
pero no olvides."

(Mario benedetti, poeta y escritor Uruguayo. Autor que recientemente conosco y desde entonces sus versos harán eco en el fondo de mi alma).


sábado, 16 de mayo de 2009

Diaro del Olvido


Buscabas palabras en el inmenso silencio
Lo sé, nunca te di más que una sonrisa,
Pero a veces pintas con falsos colores.

¿Qué escribes?
Solo queda olvidar
Lo sé, me vendí falsas ilusiones
Pero a veces pareces comprarlas

¿Por qué escribo?
…no queda más que traducirte en versos
Aunque a veces naufragas en algún sueño
Y te siento cerca…

Ahora ahogado en alguna melodía,
Locos trovadores….
“Te recuerdo Amanda”
… y empiezo de nuevo a
olvidar.

jueves, 23 de abril de 2009

Juego de poetas


No se ya sobre que pintas miradas…
No se ya donde estoy…
… cuanto ha pasado desde que mis dedos nerviosos escribieron los primeros versos…


No se ya que escribo… tonterías
No se ya que es real, si lo que escribo o lo que leo…
…o todo es un simple juego que aun no entiendo sus complicadas reglas


Estoy cansado ya de este juego de versos
No sé qué piensas… que escribes,
Pero suele confundir.

domingo, 8 de febrero de 2009

Avión de papel.


La cotidianidad… misma rutina, nada interesante pasa alrededor. Veo por la ventana las vidas complicadas de la gente, yo, prefiero lo simple…unos cuantos cafés en una tarde de invierno; andar, caminar, estar, esperar.

Me gusta observar el cielo, imaginar innumerables formas y figuras mientras las nubes pasan ligeramente frente mis ojos.

Recuerdo cuando pude volar entre las nubes montado en un gigante avión de papel. Me había alejado de lo cotidiano, no existía ya rutina alguna y ahora en cada viaje conocía nuevos mundos. Mundos donde la gente no tiene preocupaciones, lo complicado es la sencillez de una sonrisa, diferentes formas de hablar, de ver, de amar. En lugar de armas había música, en lugar de envidia había solidaridad, en lugar de un ladrón había artistas, los cuales crean y alimentan el alma de todo en aquel lugar.

Había comprendido entonces la complejidad de la existencia, el ser humano había comprendido al fin que no es superior, reinando una completa armonía.

Increíbles momentos pasé observando, plasmando en ideas todo lo que ocurría a mí alrededor sobre mi avión de papel. Mientras escribía, levanté la mirada y en un segundo fue atraída por la dulzura de tu risa, fue entonces en ese momento donde aprendí a amar.

Con gran indecisión le propuse un viaje en mi avión de papel… ella acepto.

Volamos hasta alguna estrella, cantaste los versos de alguna trova y miramos caer la noche.

…desde entonces no la volví a ver, regrese a casa, la rutina también y no podía dejar de pensar en aquellos ojos. Todos los días salgo a mirar el cielo, pensando en aquellos momentos. De pronto el viento trajo una foto de mi avión de papel y atrás un mensaje escrito:


“No se tu nombre, pero pase los mejores momentos de mi vida, espero que nos volvamos a ver…”
(…La de algunos versos)

Daniel Aguilar

miércoles, 21 de enero de 2009

Fantasma de la sociedad


Sus telas colgando, unos viejos pantalones sucios y llenos de huecos, los pies desnudos por el frío de las calles.
Esta es la historia de un fantasma… fantasma de la sociedad.
Caminando como siempre, con hambre, sin destino. Su pelo hacía infinitas telarañas y su corazón solitario.

Recordó entonces cuando entró por aquella puerta, un tanto grande para su tamaño. Con un sentimiento de duda siguió caminando por los pasillos de aquel lugar, la gente caminaba en todas direcciones. De pronto se dio cuenta que llevaba bolsas, al igual que las demás personas en aquel lugar. Vio comercios, traiciones, ofertas. No le faltaba nada en ese momento, unos cómodos zapatos le fueron de su agrado, un abrigo de fino tejido, su corazón idiotizado por el embrujo del consumismo.

Había olvidado ya aquel negro pasado; los cartones, el frío, el hambre, la soledad, las noches infinitas tras el humo del hash, pero todo iba tan bien en aquel lugar; un ambiente de preocupación y amistad lo embargó de una extraña satisfacción.

Sin embargo, sintió que no encajaba en ese lugar, había rótulos por todas partes que no entendía que significaban. Las personas hablaban un extraño idioma, parecían robots todos encaminados hacia las bestias; una “M” en forma muy chistosa, seguido por un payaso rojo y un viejo vestido todo de blanco.

Mientras comía algo de aquel mundo, despertó del sueño. Ahí estaba como siempre, sus telas colgando, alguna bolsa al hombro con latas y algunos recuerdos. La gente caminaba en todas direcciones, indiferentes. Todos tenían algo que hacer, llegar a algún lugar. A nadie le importaba, él ya se había acostumbrado al abrigo de la soledad.

Se vio entonces ahí, en las calles de San José, todo seguía su curso, solo él, detenido en el tiempo, sin sentido, jugando a buscar su tesoro en la basura. Cansado y con un suspiro profundo, levantó su mirada y vio a un soñador… alguien que lo imagino en sus aventuras.

martes, 20 de enero de 2009

Al ritmo del viento.


Sentado en algún rincón de San José… solitario, sintió un aire de creatividad.
Viendo la gente pasar, mentes pasajeras, nómadas en el pensamiento.

Buscaba ideas, principios, caminos, amores… solo encontró el color de la soledad, unas cuantas palomas, tal vez, algún loco viejo inundado en su silencio, que no se resistió a echar a volar unos cuantos recuerdos, perdidos… en el tiempo.

El ruido de la ciudad lo adormeció, un mural de colores y formas fue pintado en la calle del laberinto infinito.

Un futuro incierto, el tiempo ya no existe para él. Todo se detuvo, mientras imagino algún día un loco cineasta, escribiendo en escenas complicadas, los versos que ella nunca escucho, los soñó…, los vivió.

Esperó unas cuantas horas, quizás mas, ya no lo sabe, esperando alguna señal, solo vio hojas volar, volar al ritmo del viento. Al igual que él, no se dio cuenta cuando ni como había llegado a ese extraño lugar, solo sintió el viento chocar contra su frente.

Sonidos, ruidos, olores, ritmos, árboles, personas, eran imágenes que le venían frecuentemente. Se dio cuenta entonces, que estaba soñando despierto. La complejidad de su imaginación mezclada con la realidad formando así una armónica existencia surreal.

No tuvo más opciones, nadie que le diera algún concejo. De esta forma con mucha decisión, se levantó y siguió caminando… como siempre… al ritmo del viento.

Daniel Aguilar.