Yo...

me encanta el arte, en especial el cine, y la foto quiero ser director de fotografia en un futuro. Soy sencillo, tranqui, no puedo vivir sin música. en fin... ...tuanis...

miércoles, 21 de enero de 2009

Fantasma de la sociedad


Sus telas colgando, unos viejos pantalones sucios y llenos de huecos, los pies desnudos por el frío de las calles.
Esta es la historia de un fantasma… fantasma de la sociedad.
Caminando como siempre, con hambre, sin destino. Su pelo hacía infinitas telarañas y su corazón solitario.

Recordó entonces cuando entró por aquella puerta, un tanto grande para su tamaño. Con un sentimiento de duda siguió caminando por los pasillos de aquel lugar, la gente caminaba en todas direcciones. De pronto se dio cuenta que llevaba bolsas, al igual que las demás personas en aquel lugar. Vio comercios, traiciones, ofertas. No le faltaba nada en ese momento, unos cómodos zapatos le fueron de su agrado, un abrigo de fino tejido, su corazón idiotizado por el embrujo del consumismo.

Había olvidado ya aquel negro pasado; los cartones, el frío, el hambre, la soledad, las noches infinitas tras el humo del hash, pero todo iba tan bien en aquel lugar; un ambiente de preocupación y amistad lo embargó de una extraña satisfacción.

Sin embargo, sintió que no encajaba en ese lugar, había rótulos por todas partes que no entendía que significaban. Las personas hablaban un extraño idioma, parecían robots todos encaminados hacia las bestias; una “M” en forma muy chistosa, seguido por un payaso rojo y un viejo vestido todo de blanco.

Mientras comía algo de aquel mundo, despertó del sueño. Ahí estaba como siempre, sus telas colgando, alguna bolsa al hombro con latas y algunos recuerdos. La gente caminaba en todas direcciones, indiferentes. Todos tenían algo que hacer, llegar a algún lugar. A nadie le importaba, él ya se había acostumbrado al abrigo de la soledad.

Se vio entonces ahí, en las calles de San José, todo seguía su curso, solo él, detenido en el tiempo, sin sentido, jugando a buscar su tesoro en la basura. Cansado y con un suspiro profundo, levantó su mirada y vio a un soñador… alguien que lo imagino en sus aventuras.

martes, 20 de enero de 2009

Al ritmo del viento.


Sentado en algún rincón de San José… solitario, sintió un aire de creatividad.
Viendo la gente pasar, mentes pasajeras, nómadas en el pensamiento.

Buscaba ideas, principios, caminos, amores… solo encontró el color de la soledad, unas cuantas palomas, tal vez, algún loco viejo inundado en su silencio, que no se resistió a echar a volar unos cuantos recuerdos, perdidos… en el tiempo.

El ruido de la ciudad lo adormeció, un mural de colores y formas fue pintado en la calle del laberinto infinito.

Un futuro incierto, el tiempo ya no existe para él. Todo se detuvo, mientras imagino algún día un loco cineasta, escribiendo en escenas complicadas, los versos que ella nunca escucho, los soñó…, los vivió.

Esperó unas cuantas horas, quizás mas, ya no lo sabe, esperando alguna señal, solo vio hojas volar, volar al ritmo del viento. Al igual que él, no se dio cuenta cuando ni como había llegado a ese extraño lugar, solo sintió el viento chocar contra su frente.

Sonidos, ruidos, olores, ritmos, árboles, personas, eran imágenes que le venían frecuentemente. Se dio cuenta entonces, que estaba soñando despierto. La complejidad de su imaginación mezclada con la realidad formando así una armónica existencia surreal.

No tuvo más opciones, nadie que le diera algún concejo. De esta forma con mucha decisión, se levantó y siguió caminando… como siempre… al ritmo del viento.

Daniel Aguilar.