
Es curioso porque cuando vamos al cine, a veces nos molesta que la persona de al lado haga algún comentario o que se escuche gente hablando mientras vemos la película.
Sin embargo eso no ocurrió cuando vi A ojos cerrados, la gente no se resistía las ganas de decir algún comentario mientras veía el mismo supermercado donde hacen compras o los paisajes y las playas que dejaron tantos buenos momentos.
Es un proceso que es inevitable, cuando estamos ante una película que actúa como si fuese un espejo.
Este pequeño comentario no va dirigido hacia que si la fotografía está bien o mal, o el sonido, etc. Si no que trasciende esas fronteras y se enfoca en lo que es verdaderamente importante, el cine como una herramienta de comunicación social.
No podía parar de escuchar los susurros de la señora de atrás que decía “….ah mirá el Braulio Carrillo” o “ eso es en Plaza Mayor” y por último ver algunas lagrimas de algo que es nuestro, me pertenece a mí y a todos.