
…Un día, mi papá nos dejó, yo tenía siete años; él me dijo que entonces yo era el hombre de la casa. No sabía realmente lo que pasaba, pero algo me decía que las cosas no andaban bien, porque ahora tenía menos tiempo para jugar y tenía que trabajar.
Recuerdo cuando regresé temprano, así que llamé a mis amigos para que saliéramos a jugar. Mi madre siempre me decía que debía volver a casa antes del atardecer.
Ese día jugamos a “la anda”… ya eran las cinco y yo no estaba en casa.
De pronto, Juan se acercó y con un tono de preocupación me dijo:
-¡toque de queda!
Yo no entendía la expresión ya que no había ningún juego con ese nombre.
Entonces me quedé pasmado, mientras todos corrían hacia sus casas. Los cascos verdes ya se asomaban sobre el horizonte y los gritos y detonaciones empezaban a penetrar en las cosas.
Fue cuando reaccioné y corrí a casa. Esa noche el cielo se precipitó en una triste lluvia de acero que penetraba los frágiles techos de cartón.
Así… arrinconados, impotentes ante la amenazadora lluvia, pasamos la noche mi madre y yo… tenía miedo y solo me preguntaba:
¿Cuándo podré salir a jugar?
Un pequeño cuento, quise rescatar la visión de un niño ante una situación mayor... la inocencia etc....
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