El continuo congestionamiento de la ciudad, el ruido de los carros y el humo rompe los kilómetros interminables de concreto. Luces rojas acongojantes, bocas impacientes idiotizadas por el alcohol. Noches que no duermen, cuidad que sueña despierta.
En una de esas tardes de bochorno asqueroso, un viejo sentado en la última esquina, de la última fila de un bus. Su saco algo roto, los huecos eran puerta para los insectos y su sombrero de medio lado hacía imposible determinar el color de sus ojos.
Un perfume fue traído por el viento lentamente hasta llegar donde estaba el viejo, alzó la mirada arrepentida, queriendo descubrir los misterios dulces de aquel olor. Las pupilas dilatadas y cansadas hicieron un esfuerzo para ver la silueta de una bella mujer que se acercaba, un destello de luz corto en dos la oscuridad, así vio como se sentó unos escasos asientos adelante.
Vio en ella… aquella niña, tan inquieta y risueña que rogaba amor. En ella, en sus femeninos gestos, reconoció a su hija, la que nadó en su pasado perdido hace tantos años atrás, la miró un poco más…De sus ojos un aire a abandono por culpa de lo que empezó con una botella de alcohol, una amante, un error. Desdibujó una opaca sonrisa y recordó el último llanto que le escuchó mientras se alejaba de su mano. Le llegó el olor de aquel vicio empapado en sudor…Le observó. Miró en ella, así como de un tirón, en sus gestos de mujer, a aquel amor de su vida, aquella dama perdida, a quien su vida ofendió. De excusa…el mismo grave error. Recuerda su rostro mientras se despedía para nunca regresar…sí, dejó en abandono a su hija y la madre, su gran amor. Claro esa bella mujer sentada a cierta distancia, trajo a su mente aquellas dos personas a quien amaba. A quienes abandonó muchos años atrás.
Trajo a su mente paisajes y felicidad y miró un poco más. Empezó a notar que no eran sus manos, ni sus ojos en realidad, no era ella, ninguna de las dos. Inició una búsqueda entre confusión, alegría, temor, dolor…decidió bajar y una voz tierna y suave dijo:
-¡Papá!
Miró un poco más…no volteó, se convenció de no regresar, así una vez más. Nunca supo distinguir entre imaginación y lo real. Nunca logró concluir si fue verdad, si lo inventó, resonaba aquella exclamación en su mente, un sabor dulce en su paladar. Lágrimas de felicidad brotaron entre sus mejillas y cayeron en el suelo haciendo eco en el silencio.
Un cuento que me salió un día de estos...
1 comentario:
heeey...yo ayudé un poco...casi la mitad jaja...muaaa!!
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