
¿Qué quiso el destino al tenerme en esta parada de bus bajo una noche lluviosa de octubre?
Las gotas de lluvia reventaban contra el asfalto y se evaporaban por el calor del vapor de sodio del poste de luz que estaba en la esquina. Debajo un teléfono público, se notaba algo viejo y en desuso. De pronto una muchacha de botas rojas, paraguas y algo que parecía una maleta en la mano se acercó al teléfono, metió una moneda y comenzó a marcar un número. Enumeró entonces una lista casi interminable de cosas que odiaba de él, todo para decirle que lo amaba, escuché en aquella mujer el monólogo más bello que había escuchado en mi vida.
- Te odio, porque cuando duermes roncas.
- Te odio, porque cuando habló me interrumpes.
- Te odio, porque nunca me decís que me quieres.
Ella pedía una segunda oportunidad, del otro lado del teléfono habían otras ilusiones. Pensé que lo que estaba viendo en ese momento era casi una obra de teatro y que ese mismo teléfono podía ser no más que utilería y ella perfectamente podía ser una actriz viviendo en las ilusiones de un personaje imaginario, pero no, todo estaba vivo, hasta el objeto más inerte parecía conjugar en un destino casi incierto para aquella mujer.
¿Quién podría estar detrás de ese teléfono? Cómo una persona puede ser humanamente capaz de rechazar dicha declaración. Son acaso estas las pequeñas imperfecciones de la vida… que sí, que no, que se yo…
¿Sabes cuanto dura un minuto? Lo suficiente como para gastarse una vida frente a un teléfono y no bastó. Al final ella camino hacia un lado, se marchó tres segundos antes que su sombra y yo me fui hacia el otro lado, el bus nunca llego y ya la lluvia no importaba.
3 comentarios:
Al chile que está hermoso mae! Felicidades, es de lo mejor y más honesto que leo en meses.
Buenisimo esta.
Genial TK... gracias.
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